Ayer escuché una frase: “es que a este, le falta un tornillo…para que le falten todos”.
Me pregunto cómo habiendo tantos psicólogos, igual hay tanta gente con el alma desarmada y las conexiones cerebrales confundidas.
Cada quien con su remedio. Por ejemplo, yo hoy me di cuenta que sabe más rico escribir en un cuaderno viejo los pensamientos que se ahogan en la garganta, que “tipearlos” en una máquina.
O este otro remedio casero.
El sabor amargo de la valeriana diluido a cuentagotas en un vaso de agua.
Se ha vuelto la costumbre ante esas noches donde no logro apagar mis insistencias: la intranquilidad de no vivir una vida de lujo a plenitud.
Hice las paces con Dios y aun así no parecen aclararse las dudas que habitan en mi corazón.
Sé que sí funcionó una conversación que tuve hace años con el amigo de un amigo mío. Para mí fue un desahogo, para él una confesión. Pero es hasta ahora que me vengo a dar cuenta que es gracias a ese día que hoy siento paz con el de arriba. Solo que me aqueja la misma intranquilidad de mis años de adolescencia, pero ya sin los matices trágicos de aquella época. Esta bendita maña de ser una vieja prematuramente.
Lo más raro de todo es que estas necedades de mi alma, de querer salvar el mundo, aparecen solo en las horas que debería estar descansando. Habita en mí un alter ego que quiere salir a luchar por la justicia cuando yo todo lo que quiero es dormir.
No sé si es la conciencia que no me deja tranquila, no estoy haciendo lo suficiente por la Madre Tierra o por el prójimo. En las horas cuando hay sol, me logro convencer de que mi granito de arena ayuda y alimenta las buenas intensiones. Pero la inmensidad de la noche me hace sentir insignificante ante el remolino de necesidades de nuestro mundo: el calentamiento global, los refugiados, la extinción de las tortugas marinas, los secuestrados en Colombia, la gente que maneja no para transportase si no para matar al que se le ponga por delante, la construcción desmedida en nuestras playas, los niños agredidos, la pobreza, la gente que se siente sola…
Sola e inútil me hacen sentir las noches, hasta que como si fuera un ritual, después de intentar acallar a esa insistencia de mi intranquilidad y librar un pleito de media noche conmigo misma, me levanto y tiño mis noches de ese elixir mágico que logra que mi noche se vuelva día.
Valeriana para el mal de vida.
La mayoría de las noches caigo rendida de cansancio y no hay tiempo de pensar en nada cuando ya es de día otra vez. Pero son esas noches de insomnio que aparecen de vez en cuando, que me hacen preguntarme, si será que al mundo también le hace falta un tornillo…para que le falten todos.
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1 comentarios:
Ese sentimiento de impotencia antes los males generales que agravian el mundo lo senti en un momento dado de mi vida. Recuerdo como en 1995 (o sera acaso en el 96) participe en mi primera manifestacion para impedir las pruebas nucleares en el atolon de Mururoa. Me moje, me resfrie, y nadie vino en mi ayuda.
Ese momento fue clave. Se que no es la mejor actitud, se que si todos pensaran como lo hago ahora estariamos quiza peor, pero es necesario ser egoista. Trabajo Comunal, 300 horas; Consultorios Juridicos, 300 horas... 600 horas que me enseñaron que "el otro" es un mal agradecido. Que "el otro", ese "necesitado" no se va a saciar hasta que le entregue mi alma.
No. Yo deje de perder el sueño hace mucho. Vivo mi vida, trato de hacer lo que pueda en mi circulo. No sufro calenturas ajenas. Duermo feliz, super rico.
Es bueno ser egoista. Despues de todo, tenemos solo una vida.
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